Hace millones de años ya existían los huertos como parte de nuestra cultura y de nuestra fuente de alimentación. Los primeros jardines que se conocen fueron en realidad pequeños huertos, nuestros antepasados cultivaban plantas tanto para cocinar como para realizar ungüentos medicinales, los nómadas allí donde iban cultivaban las plantas que necesitaban para el día a día y cercaban los cultivos para evitar que los animales se las comieran, esos primeros cerramientos constituyeron los primeros jardines.
Hoy en día son muchas las ciudades que incorporan en sus proyectos huertos ecológicos urbanos, pero está moda empieza mucho antes, ya con la revolución industrial fueron muchos los campesinos que se establecieron en las ciudades y también fue mucha la pobreza que hubo en aquella época, por lo que se cedieron pequeños espacios dentro de las ciudades para que la gente pudiera cultivar y evitar así muchos problemas, a estos huertos se les conocía como los “huertos de los pobres” Posteriormente en épocas relacionadas con guerras empiezan a aparecer de nuevo más huertos en las ciudades y los gobiernos ceden solares y pequeños terrenos para poder cultivar y poder garantizar la alimentación, países como EEUU, Alemania e Inglaterra cedían grandes espacios como jardines, campos de fútbol, solares a principios del siglo XX.
El concepto de huerto urbano empieza a cambiar en los años 60 y 70, ya  no se cultiva tanto por necesidad dentro de las ciudades sino por movimientos ecologistas enfocados a un punto de vista de autogestión y dar solución al sistema.
Hoy en día es fácil encontrar huertos en nuestras ciudades donde todo el mundo puede participar y cada vez es más la gente que se une a cultivar sus propias hortalizas en casa. Las ciudades incluyen los huertos no solo como herramientas para obtener alimentos sino dentro de espacios de ocio y como parte de una educación sostenible dentro de los programas escolares.
Conocer de donde viene lo que comemos, entender el esfuerzo que cuestan las cosas, conseguir cultivar con nuestras propias manos, son valores imprescindibles que debemos trasmitir, al igual que nuestros antepasados nos fueron transmitiendo a lo largo de la historia y que debido al mundo del que nos hemos rodeado se han ido perdiendo, ahora tenemos la oportunidad de volver a recuperarlos y que tenemos la suerte de contar con mayor facilidad y conocimiento que los anteriores, no dejemos pasar la oportunidad y sigamos escribiendo historia, quizá en un futuro las casas donde vivamos estén diseñadas con espacios específicos para huerto y los que vengan detrás entenderán el esfuerzo que en su día hizo la sociedad por crear espacios verdes, sanos, y sostenibles dentro de nuestra ciudad.

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